Diosas Falaces

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Diluvio de ti

El paseo por la ciudad se inundó de ti, no estuve preparado para el aguacero de tu pelo, la embriaguez de la niebla de tu aliento y, la desesperante atmósfera de tu presencia… Lo colmó todo, técnicamente todo: los resquicios de la inoperante reserva de vida, de la mía; los vacíos de las falsas respuestas prefabricadas y… las sordas alarmas para emergencias.

El paseo por los malecones limeños y asturianos se llenó de lágrimas de miel; zetas doradas colgaron de los faroles y tu nombre era impronunciable a menos que confesara mi derrota… sí, mi fatídica derrota por escalar el estoicismo y correr bajo el aguacero de tu pelo, entre la niebla embriagante de tu aliento y, la desesperante atmósfera de tu presencia… Todo fue colmado…. técnicamente todo: los resquicios de la inoperante reserva de vida, de la mía.


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Inconclusas, interminables

Rápidos,

vamos calle abajo cargando con la mudanza,

una mudanza siempre inconclusa, interminable…

Sí, es probable.

 

 

Vamos rápido.

Nuestras melenas contra el viento…

La gente percibe el perfume de los inciensos quemándose

en nuestra ya vieja casa.

Es bueno despedir un espacio cuasi sagrado regalándole una purificación

-aunque sea la única, hasta la fecha, que hayamos podido dejar.

 

 

Rápidos.

El final siempre ha sido rápido,

entre baches y rompe muelles, pero rápido.

Un día, sentados al sol, friéndonos con un amor a cuenta gotas

y al otro, con maletas prestadas, secándonos el intercambio de penas

de estas primeras fases de un cáncer al corazón.

 

 

Ha sido por un estruendo,

porque una pequeña cantidad de pólvora que se salvó de la última tormenta.

Se prendió a la tarde siguiente,

se incendió todo, con la misma rapidez

con que esa mañana recogimos la terraza para resguardarnos del sol.

 

 

Por eso quemamos ese incienso.

Para conmemorar con ese mismo elemento de destrucción,

la purificación de la despedida y del final

 

 

Todo fue tan rápido

aunque el caos se vio venir con la lentitud

con que la tortuga le ganó a la liebre.

Con firmeza y constancia, sin mirar hacia el suelo…

Así de rápido.

Así de pronto cuyos orígenes parecen improbables, inciertos…

como siempre han sido nuestras mudanzas…

Inconclusas, interminables…