Diosas Falaces

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Diluvio de ti

El paseo por la ciudad se inundó de ti, no estuve preparado para el aguacero de tu pelo, la embriaguez de la niebla de tu aliento y, la desesperante atmósfera de tu presencia… Lo colmó todo, técnicamente todo: los resquicios de la inoperante reserva de vida, de la mía; los vacíos de las falsas respuestas prefabricadas y… las sordas alarmas para emergencias.

El paseo por los malecones limeños y asturianos se llenó de lágrimas de miel; zetas doradas colgaron de los faroles y tu nombre era impronunciable a menos que confesara mi derrota… sí, mi fatídica derrota por escalar el estoicismo y correr bajo el aguacero de tu pelo, entre la niebla embriagante de tu aliento y, la desesperante atmósfera de tu presencia… Todo fue colmado…. técnicamente todo: los resquicios de la inoperante reserva de vida, de la mía.


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Gaviota de naufragio

Y entonces,

llegó la gaviota a mi isla.

Mis manos se alzaron al creerla una emisaria de dios.

Nueve largos años de naufragio terminaron en un segundo.

Mi piel cuarteada y lacerada se deshacía a cada paso.

Mis pies, negros y rojos…

Mi balbuceante sonrisa, mi psicótica alegría…

mis manos casi en muñones no podían creerlo.

 

Aterrizó la gaviota portando un trozo papel en su pico.

El lugar de donde venía no estaba lejos –seguramente.

Un día más con su noche no importaba,

Dos días más con sus noches no eran nada…

Una semana más no era gran cosa…

 

Unos días de sangre y barro en lugar alimentos no eran problema.

Úlceras, gritos y lágrimas por sombras,

durante un poquito más de tiempo.

Una gaviota tampoco puede venir desde tanta distancia.

 

Dejó caer la gaviota, decía –perdonen- un trozo de papel.

En él se leía a través de una mancha borrosa, una palabra:

HOY

El castellano era definitivo.

La caligrafía era elegante y venida a menos pero eran míos.

Ya eran todo míos, mi faro y bote-salvavidas.

 

Mañana lavaré mis heridas en el mar,

Cortaré la ropa y me vendaré con sus trozos.

Esperaré entre los árboles a que mi gaviota vuelva a regresar:

Acabo de enviarla con una nota en la sangre de mis codos:

SÍ.