Diosas Falaces

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Elegía a la página en blanco

Alguna vez, el canto de la sirena era comparable

al pestañeo de mis sueños y al reflejo de los tuyos.

 

Hubo un tiempo que mis plenilunios eran tus solsticios, dimensiones disímiles pero

vinculados por una delicada puerta corrediza color índigo.

Cada domingo amanecía con un vals peruano y nos acostábamos con un jazz

pianissimo de una Nueva Orleans viva, sudorosa y lacrimal.

 

Mi querida página en blanco.

Había una vez un rostro proyectado sobre tus bordes,

un título amatorio adolescente,

un desenfreno volcánico y contagioso cuyas ramas subían hasta mis oídos,

corrompiéndolos hasta la esquizofrenia.

 

Eras mi Ars morendi.

y tu mundo mi Ars vivendi.

Era todo mi Ars Amandi

Eran las biblio-presencias que cargaba en mi mochila… referencias y rutas hacia

un oasis redentor.

 

Hubo una vez un jardín donde el tenue atardecer se contemplaba acostado

entre efluvios clandestinos y juramentos rotos.

Fueron los abrazos, fueron las manos o fueron las voces.

Fuimos discípulos y reos de toda nocturnidad.

 

Mi pobre página en blanco…

no sé si aún te acuerdas de nosotros…

o al menos de mi.

 

Publicado también en Palabra sobre Palabra – ASELCA (Comunidad de escritores en castellano)

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