Diosas Falaces

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Pobre ensayo para una despedida

I

Te perdí bajo la cristalería de mi piel…

Seguí tu rastro sincopado y salpicado por hojas de hielo quebradizo…

Inspiré el último aire oxigenado que tu vida dentro de la mía me había dado.

Sin embargo…

 

 

II

Se ha terminado el invierno…

Todo vestigio que dejaste lo consumí.

Te viví.

Me has soportado.

Me fragüé

Te diluiste en mi sangre…

Te vas yendo poco a poco en el sudor de mis manos… de mis dedos, mientras voy terminando esta carta.

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7 comentarios

  1. Pués si.

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    febrero 25, 2014 en 12:29 pm

  2. Victoria Sesé

    Todo el poema destila una alta dosis de sensibilidad y transmite esa sensación agridulce que permanece tras la llegada del desamor.- Un saludo

    Me gusta

    marzo 3, 2014 en 10:55 am

    • Arruillo

      El anterior comentario corresponde a Arruillo

      Me gusta

      marzo 3, 2014 en 10:57 am

      • Arruillo

        Todo el poema destila sensibilidad y me produce esa sabor agridulce que permanece luego de un episodio de desamor.- Un saludo

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        marzo 3, 2014 en 10:59 am

      • Muchas gracias Señor Arruillo. Es siempre un placer y un honor recibir comentarios vuestros.
        El desamor y el sabor agridulce… una aleación metálica grisácea….

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        marzo 3, 2014 en 4:00 pm

    • Gracias Victoria.
      Solo nos queda saborear lo agridulce mientras esperamos que escampe el paladar.

      Me gusta

      marzo 3, 2014 en 4:01 pm

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