Diosas Falaces

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Reclamo de Proteo

Se me la llevaron.

Fue la mar de Mármara que olió sus huellas e invadió toda la costa.

Robó mi isla justo cuando más la necesitaba

y me dejaron crecer en este metro cuadrado de sol-tinta amarilla.

 Todo empezó con una garúa verde de aceite quemado sobre la maleza.

Eolo se tragó a los niños que subían-bajaban de mi casa del árbol.

La tarde se deshizo en bilis y en una oración panteísta pegada a mi espalda.

– No escuchamos las sirenas.

– No vimos a nadie con la túnica eólida que advirtieron los Atlantes.

De pronto, ya no hubo paisaje ultramarino, bandadas blancas, ni niño con quien jugar; solo un puñado de islas que gobernar:

Aguas de cadáveres crepitantes que buscaban una mejor sepultura.

 

Voy a salir y darles exequias.

Publicado también en la Comunidad Palabra sobre Palabra

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2 comentarios

  1. Una y otra vez nos tropezamos con los mitos, recurrimos a ellos para que nos ayuden a seguir adelante, a sacarnos de nuestro propio interiorismo.
    Reflexivos versos, Juan Alberto.
    Un saludo

    Me gusta

    noviembre 8, 2013 en 8:34 am

    • Muchas gracias Arruillo. Pues sí. La mitología, las leyendas son parte de nosotros, están allí todos los días… como canciones de cuna, como una perpetua banda sonora.
      Brindo contigo por este Credo.
      Te agradezco de corazón tu comentario.
      Un abrazo fraterno.

      Me gusta

      noviembre 9, 2013 en 10:40 pm

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