Diosas Falaces

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Uno de los hombres invisibles

Blanca es la mesa donde cenan los invisibles, donde la blanca miseria pone su cena.

Blanca también es la obligación con la que caminan, duermen, miran y se visten.

Limpia es la decepción.

Limpia es la sumisión con la que agachan sus cabezas huesudas y van a misa;

allí se bebe, en lugar de  vino, orines de niños no-iniciados en fe reconocible y,

por alimento litúrgico, carne de mendigos.

 

 

Allí no hay bancos donde arrodillarse.

Allí no hay suelo de madera o cemento,

sólo tierra.

Allí no se lee la Biblia u otros textos sagrados, sólo periódicos pasados que se tragan al Ángelus.

 

 

Al regresar, las gentes caminan en fila: descalzos, ulcerándose los pies.

Al regresar, tiritan de frío en una fiebre altísima, muriendo siempre alguno: cuando es verano y primavera.

Al regresar, sus cueros se hunden resecos en el esqueleto, haciéndose mierda por el hambre, la sed  y otras pestes.

En este tiempo, he empezado a sentir los dedos endureciéndose en el teclado…

Mi piel se hace translúcida.

No tengo nada qué hacer.

 

 

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