Diosas Falaces

En casa

Porque cuando estás en casa y no me miras como hasta el veintitrés, la verdad pierde identidad, la gamuza ya no aterciopela las caras de los muebles. No hay fiesta en las mejillas, los cuadros se hacen anónimos​.

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Es un día como los días donde tu entrega atraviesa paredes arrítmicas de amor.

-¿Te acuerdas?

-Sí

-Yo también

Porque cuando te despiertas, el fresco te maquilla siempre, sin preguntar si es tiempo para desayunar o de seguir durmiendo. Si es tiempo de rematar las pesadillas vitales de las mañanas o de remendar las noches anteriores y decir solo “Buenos días”.

-Buenos días…

El sol no tiene la memoria suficiente para encajonar tus manos en la soledad de la humedad de las camisetas, pantalones, del alma o, debo decir “de los sueños”.

Buenos días.

Te había echado de menos.

Pero no importa. Siempre hay tiempo para calentarse las manos ¿No es cierto? Sobre todo cuando la frialdad echa semillas en nuestras ilusiones.

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