Diosas Falaces

Primeros instantes de un nuevo papá

Acabo de llegar del hospital… Voy a limpiar a fondo nuestra habitación para cuando llegue mi pequeño… suena raro, lo sé, extraño y alucinante. En un rato más voy a regresar para seguir contemplándola.  Ver que una cosa chiquitita tiene los rasgos de uno… es sencillamente mágico. Por unos momentos sientes que todos los problemas de tu vida y los del planeta se han resuelto… como quien enciende un cerilla en medio de la oscuridad. Ganas de llorar, abrazar a alguien pero no puedes -al menos yo, no- porque no tengo esa confianza con los demás como la tengo con mis padres, hermano, primo o hasta con mis contados mejores amigos. Entonces me llamaron: “¡¿Acompañante de Ishelle Julia Portales?!” Salté como un muelle y dije en voz inconcientemente alta: “¡¡Yo!!”

Mientras caminábamos por el pasillo me dijeron un montón  de cosas que no entendí por mi aturdimiento. Me dieron un papel para registrarla luego y fui a esperarlas en una sala con camillas y biombos: “Sala de Reanimación”, pero como no podía estar quieto, me acerqué a la Sala de Cesárea, me asomé por una rendija de la puerta y escuché su llanto, el de mi niña. Mis ojos se llenaron descontroladamente de lágrimas, no me contuve… menos cuando llegaron las dos…

Cuando ya estaban conmigo, besé a mi mujer con cuidado de no hacerle daño, me acerqué temblando a mi pequeño unicornio (porque con ella todos los mitos, fábulas y leyendas de harán realidad) y cuando la tuve cerca le susurré: “Siempre has estado en mis sueños” y la besé con extremo cuidado .

2012-10-12 06.27.57retrosad

En este punto y luego de rememorar todo ello, todavía me emociono. Como cuando me emocioné al decirme mi padre: “Ya eres papá!! Gracias hijo. Vi las fotos de mi nieta que me enviaste al móvil y es preciosa. Yo siempre quise tener una niña y tú nos la has regalado… Gracias”.  Unas palabras que me llegaron a los huesos, tan directas como las balas de un francotirador. Se lo conté a mi madre y evidentemente le surtieron el mismo efecto. Le dije llorando: “¿Qué pasa? También te has emocionado?” Sí – me dijo.  “No tuve a mi niñita y ahora la has tenido tú… y no la puedo ver ni tenerla entre mis brazos, porque estamos lejos ¿Ves? Por doble razón me he emocionado”.  Yo solo atiné en contestar con la verdad: “Ya la vas ver, tranquila, ya la vas a ver”. Me preguntó por el estado de su nuera, el de la bebe y nos despedimos. Con mi hermano fue igual, aunque más silencioso y reflexivo. Pude leer entre sus líneas y sus gestos su alegría, su tranquilidad, su pena por la distancia. Me dijeron que había pasado muchas horas delante de cada foto que le había enviado, contemplando con mirada de ternura a su sobrina. Tal vez recordando cuando éramos niños, quizás buscando entre los rasgos de mi hija, alguno suyo o de nuestros padres.

Ahora, a punto de terminar esta bitácora, sigo sin podérmelo creer.

Los mejores días de mi fútil existencia pagana, urbícola, sedentaria y nómade al mismo tiempo han empezado el 10 de octubre de 2012 a las 11.56 am.

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