Diosas Falaces

Dos remitentes

I
Hoy me vine caminando desde las Rozas.
Vine cantándote.
Me acosté en la fuente donde el agua se enciende al compás de tu voz.
Descansé después sobre mis pasos cansados mientras la Av. España recibía mi canto triste sin Navidad.
Vine cantándote y Majadahonda escampó al sentir mi perfume mezclado con el del bus, el aluminio, el pasamanos,
y las ventanas saturadas de latidos húmedos.

 

Llegué y nos esperamos sentados, uno frente al otro.
Luego, tú de pie en un Tutti guarnecido en su parada,
cantándole a las gotas que se merendaban tus tus labios de papel;
mientras yo, cerca de ti, contemplaba el cielo gris que ahora debe ser el más piadoso de todos.

 

 II
Hoy, caminando hacia ti,
me cantabas desde las Rozas hasta Majadahonda y,
oí tu vocecita transparente que se acercaba hasta mi paraguas,
soplando un poquito la humedad de mis anacrónicos oídos acostumbrados a oír desde la niñez un sonido que al fin,
en tus susurros, encontraron homónimo.
Caminé ocultándome entre las tiendas frente al colegio.
Te vi durmiendo en la fuente de agua.
Te vi levantándote y flotar hacia la vereda,
cantar nuestra canción y derretir las ventanas urbanas de la gente sordomuda.
Te vi buscándome con ojos vitrificados, augurando una nostalgia
y reparando los últimos segundos en los pasos que faltaban para verme…
Y me viste.
Y nos vimos,
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