Diosas Falaces

In nomine

Siempre temí apretar el senil cuello de la madrugada.

Allí vivo yo, en la madrugada, cerca de tu casa,

que es un puñado de madrigueras.

 

Temía descubrirte al escribir tu nombre.

Descubrirte tumefacta y mediocre.

Develarte en un asalto de asfixia.

Anoche soñé que emergías  entre lenguas humanas.

Cálida y nueva.

 

Temía descubrirte  -decía.

Los lamparones de mis dedos me lo habían prohibido:

Creían que así, mitigaría el dolor de…

tráquea, cuerdas, pulmones y de otros órganos comprometidos con la voz.

Pero no me importó.

 

Finalmente, intente escribir-descubrir-pronunciarte…  

Fui salvado por un trozo de papel en blanco.

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