Diosas Falaces

El expresionismo abstracto. Una reflexión libre

Era cuestión de fe. Era cuestión de espíritu más que de religión. De buscar colgarse de los jirones que habían dejado Occidente las guerras mundiales. El arte, señoras y señores, específicamente el “arte de la pintura” –como  titularía Vermeer a uno de sus más afamados cuadros- aparece en ese escenario caótico, post-apocalíptico y sin dios, como un oasis, al que había de llegar sea como sea.

Para los artistas-post-segunda guerra mundial, el concepto de “refundación” del arte no era solo una meta profesional, sino más bien, un deber cívico, una convicción: Salvar el alma de la Humanidad.

“The American Type painting”[1] Expresionismo abstracto o simplemente Escuela de Nueva York englobó diversos “estilos”, por decirlo de algún modo: Sucesión de técnicas y estilos que determinaron una agrupación de seudónimos: Action painting, Color-field painting, etc. Hermanos de un mismo deseo.

París (1940s’) había dejado de ser el núcleo de la vanguardia tras los sucesos de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los artistas europeos más relevantes se habían refugiado en Estados Unidos (Breton, Ernst, Masson) alrededor de Peggy Guggenheim, Mondrian, Duchamp, entre otros;  los que inspiraron a toda una generación de artistas locales que, motivados por la emergencia de restaurar todos los estamentos de la “Humanidad”, de renovar las Letras, las Artes en general, se volcaron a un solo propósito: La Libertad.

Fue tiempo de mirar hacia dentro, hacia el pasado, fue momento de buscarse a sí mismo como  seres humanos. Ampliar los márgenes de la pintura por medio de grandes soportes, figuras a veces reconocibles, colores primarios, etc. y buscar –recordando el surrealismo- en el subconciente las respuestas más automáticas o para otros, lo primitivo y arcaico[2]: Gottlieb, Rothko, Gorky.

En esta oleada de sacralizaciones del impulso emotivo, encontramos otra Escuela dentro de esta magnífica catarata de pasión[3]. Jackson Pollock, el hombre más representativo del Action Painting quien se entregó con desgarro pragmático y deshizo problemas de orden teórico para verse a sí mismo, parte del lienzo, parte de un todo, automática y honestamente.[4]

No es gratuito el paralelismo que este humilde suscrito va a plantear entre aquella época, verdugo de su propia tecnocracia insensible… y la nuestra: La de una crisis que según los más realistas, no solo ha socavado principios socio-económicos de un modo estructural, sino también espirituales,

Esperamos un boom cultural que cambie las conciencias, el modo de ver el mundo, como  ocurrió con la Ilustración, el Humanismo, el Constructivismo, el Romanticismo –y me refiero a lo dicho por Argan comparándolo con los expresionistas abstractos- o, más recientemente, el Boom de la literatura latinoamericana. Nuestro espíritu lo está esperando.


[1] Clement Greenbert. La pintura moderna y otros ensayos. Siruela, Madrid, 2006, pag. 65 – 67

[2] Cita tomada de Serge Guilbaut de su Comment New York vola l’dée d´art modern en: Pierre Daix. Historia Cultural del Arte Moderno. Ensayos Arte Cátedra. Madrid, 2002; pag. 239.

[3] Recordamos a Worringer en su “De la Abstracción y Naturaleza”.

[4] Ibid., pag 255

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