Diosas Falaces

Yo, el árbol

I

En la esquina

ocurre siempre un eclipse solar.

A la misma hora, el cielo se torna amarillo y negro;

las calzadas, azules;

mis gafas, verdes  y yo…

te espero.

 

 

II

Llegas sin saber que te enfrentas a una paradoja.

Tu inocencia te salva del cielo amarillento-negruzco

de las calzadas cada vez más grises que azules,

de mi mirada verde y de mis ramas que,

solitarias y longevas,

acarician tu cabello  mientras pasas de largo.

Contemplo tu cada vez más lejana silueta

y hago sombra sobre mi propio espacio.

 

 

III

En unas horas más,

el cielo se tornará azul-negro,

y las calzadas… abismales.

Te extraño.

 

 

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2 comentarios

  1. Gracias por compartir tan buena poesía y abrirla a los lectores. Es muy enriquecedora. Un abrazo

    Me gusta

    mayo 21, 2013 en 7:03 pm

    • Muchas gracias por tu comentario. Me has alegrado la noche y probablemente el resto de la semana junto a otras noticias personales.
      Comentarios tan generosos como los tuyos, logran que quiera seguir por aquí.

      Saludos de un humilde servidor.

      Me gusta

      mayo 21, 2013 en 10:35 pm

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